Infraestructura compartida como estrategia para mejorar la competitividad minera

Soluciones conjuntas:
Ante menores leyes del mineral, mayores costos y proyectos más complejos, este nuevo modelo empieza a verse como una condición esencial para el desarrollo futuro.

Hasta hace poco, las mineras competían construyendo infraestructura propia como desaladoras, líneas eléctricas, caminos y puertos. Ese modelo permitió aumentar la producción, pero también duplicó inversiones y elevó los costos.

Hoy, con menores leyes del mineral, proyectos más complejos y una cartera de inversión de la industria superior a US$ 100 mil millones, compartir infraestructura comienza a dejar de ser una excepción para convertirse en una condición cada vez más relevante para mantener la competitividad de la minería chilena.

“Es una locura que cada empresa tenga su propio puerto, una línea de transmisión separada, un acueducto propio o una planta desaladora exclusiva”, dice Gustavo Lagos, profesor de la Escuela de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica.

Sin embargo, advierte que la industria aún sigue privilegiando proyectos individuales y que el Estado no ha generado incentivos para favorecer soluciones conjuntas.

De hecho, explica que casos como Nueva Unión o el Plan Minero Conjunto Andina-Los Bronces muestran que la colaboración entre operaciones puede capturar sinergias difíciles de lograr de otra forma.

Jorge Riesco, presidente de Sonami, plantea que el desafío está en planificar por distritos mineros y no faenas por separado. “La infraestructura compartida dejó de ser una alternativa para convertirse en un factor estratégico de competitividad”, dice.

El gremio identificó 19 distritos (13 productivos y seis potenciales) con espacio para infraestructura compartida en agua, energía, logística y procesamiento, especialmente para bajar las barreras de entrada de la mediana minería y de nuevos desarrollos.

Para Cristián Cifuentes, líder sénior de Estudios y Contenidos de Cesco, una parte importante de la cartera minera requiere infraestructura habilitante, y desarrollarla por separado puede atentar contra su viabilidad.

Redes compartidas de agua

La Asociación de Desalación y Reúso (Acades) coincide, e identifica zonas donde la concentración de proyectos permite pensar en redes compartidas de desaladoras y ductos, en lugar de infraestructura dedicada por faena.

“Atacama tiene una oportunidad única; un clúster de proyectos mineros grandes, medianos y pequeños en la alta cordillera que necesitan agua para desarrollarse y que podrían abastecerse a través de un sistema integrado”, asegura Rafael Palacios, vicepresidente ejecutivo de Acades.

Para Antofagasta, por ejemplo, un estudio realizado por la misma asociación gremial estimó que un sistema parcialmente integrado podría reducir el costo nivelado del agua desde US$ 5,6 por m³ a US$ 4,9 por m³, además de bajar la longitud de la red de 1.271 a 877 kilómetros.

El desafío principal

Compartir infraestructura exige coordinar inversiones entre empresas bajo un sistema que todavía evalúa proyectos de manera aislada y sin una institucionalidad que articule decisiones de largo plazo. “El principal desafío es generar condiciones que reduzcan la incertidumbre y faciliten la coordinación entre múltiples actores”, añade Cifuentes.

Para Juan Ignacio Gómez, director ejecutivo de la Asociación de Clientes Eléctricos No Regulados (Acenor), el desarrollo conjunto requiere una regulación que entregue certezas y acompañe el crecimiento de los distritos mineros. “Lo importante es que la regulación entregue los incentivos para que cada proyecto pueda determinar cuál es la opción más eficiente”, sentencia.

Infraestructura compartida como caminos, líneas eléctricas, ductos y sistemas logísticos comienza a ganar peso en la discusión sobre la competitividad de los nuevos distritos mineros.

Fuente: El Mercurio.

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