Fundiciones: El eslabón que Chile no puede olvidar

Por Jorge Cantallopts, director ejecutivo de Cesco.

En las últimas semanas, dos avances significativos han reactivado un debate largamente postergado en Chile: la aprobación de etapas clave para la Fundición Nueva Paipote y el Memorándum de Entendimiento entre Codelco y Glencore para evaluar una nueva capacidad de fundición en el norte del país. De concretarse estos anuncios, Chile estaría revirtiendo una tendencia de los últimos años, marcada por el cierre, el estancamiento y la pérdida de capacidades en un eslabón clave de la cadena del cobre.

Chile necesita contar con una capacidad de fundición que sea competitiva desde el punto de vista económico y, al mismo tiempo, sustentable ambientalmente. No se trata de una aspiración abstracta, sino de una herramienta estructural. Como principal productor mundial de concentrados, con porcentajes altos de impurezas sujetos a fuertes multas y la necesidad de generar ácido sulfúrico para los procesos de lixiviación, nos obliga, en una mirada de mediano y largo plazo, a tener que procesar en Chile un porcentaje relevante de nuestra producción de concentrados. Si bien hoy los cargos de tratamiento y refinación (TC/RC) están en niveles históricamente bajos, es difícil pensar que esta situación pueda mantenerse por un período largo. De hecho, las mismas fundiciones chinas están tomando medidas para mejorar los términos de su negocio.

Desde Cesco hemos sostenido que el debate sobre fundiciones tiene al menos dos dimensiones inseparables: su valor estratégico y su viabilidad económica. En el plano estratégico, la importancia de contar con capacidad propia de procesamiento ha crecido en un escenario marcado por tensiones geopolíticas, reconfiguración de cadenas de suministro y mayor competencia por minerales críticos. Producir cobre refinado otorga autonomía, mayor resiliencia frente a shocks y abre oportunidades industriales. En un mundo donde los países buscan asegurar abastecimiento y reducir dependencias, renunciar a capacidad de refinación debilitaría la posición de Chile en el sistema global del cobre.

La experiencia muestra los riesgos de externalizar capacidades críticas. La experiencia de las tierras raras, aunque no equivalente, entrega una advertencia útil. Estados Unidos, líder mundial en los noventa, externalizó el procesamiento a China, transfiriendo además conocimiento tecnológico. Hoy, China domina el proceso industrial no por concentrar la materia prima, sino por controlar la etapa crítica de transformación.

La dimensión económica exige evaluar estas inversiones con horizontes largos. Medir una fundición sólo por su rentabilidad coyuntural desconoce la naturaleza de plantas diseñadas para operar 40 o 50 años. Países que han construido capacidad industrial han atravesado ciclos adversos, entendiendo que la lógica estratégica se define en escalas que trascienden los vaivenes de mercado. Chile no debería ser la excepción.

Para que nuevas iniciativas prosperen, se requieren modelos económicamente sostenibles que alineen el interés público con incentivos privados. El rol del Estado no es reemplazar a la empresa, sino habilitar condiciones que hagan viables los proyectos: energía competitiva, marcos regulatorios predecibles, incentivos tecnológicos y modelos que valoricen concentrados complejos penalizados en el exterior. Utilizadas con criterio estratégico, estas herramientas permiten compensar desventajas coyunturales sin distorsionar el mercado.

Los anuncios recientes en los que participan grandes actores internacionales reflejan que Chile, como primer productor de concentrados de cobre, mantiene la capacidad de atraer inversión estratégica orientada a asegurar el abastecimiento de un recurso crítico, en un escenario global donde la geopolítica está redefiniendo los criterios tradicionales de rentabilidad de corto plazo.

Una industria que se proyecta a décadas requiere visión estratégica, realismo económico y políticas públicas inteligentes. Ese es el sentido profundo de una buena política pública: reforzar lo que funciona y transformar lo que limita, para que Chile avance con coherencia hacia el futuro.

Fuente: Minería Chilena

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